El atardecer sobre el Gran Canal nunca es igual dos noches seguidas. Cambia con la marea, con el siroco, con la estela de los vaporetti frente a la Riva del Vin. De junio a agosto el sol se pone tras el Puente de Rialto entre las 20:45 y las 21:15: esa es nuestra mejor hora, cuando la piedra de Istria del puente se enciende de rosa y las fachadas de enfrente se vuelven oro cálido.
Para vivir de verdad este momento aconsejamos reservar una mesa en primera fila al menos una hora y media antes del atardecer. Llegar pronto tiene un motivo práctico: la luz justo antes de la puesta — la hora dorada veneciana — es quizá aún más bella que el atardecer mismo, y merece una ombra de blanco frío mientras el servicio arranca despacio.
Nuestras mesas favoritas son las tres más cercanas a la balaustrada, en el lado que mira al Puente de Rialto. Si viajáis en pareja pedid la del rincón: es la más íntima, resguardada del paso pero con la misma vista completa. Para familias o grupos de cuatro aconsejamos la fila central, que tiene más espacio y permite a todos girarse hacia el canal sin mover las sillas.
Un último consejo: llevad una chaqueta ligera, incluso en julio. Cuando el sol desaparece tras Rialto, sube del Gran Canal una brisa fresca y húmeda que se agradece tras un día de calor, pero sorprende a quien no la espera. Y quedaos: la Venecia más bella llega media hora después del atardecer, cuando se encienden los farolillos de la terraza y los palacios se reflejan en el agua quieta. Suele ser el momento en que sale de la cocina el primer postre.



